Roberto Matta: El Arquitecto del Inconsciente y el Puente de la Modernidad
Pocos artistas pueden jactarse de haber alterado el curso del arte en dos continentes distintos. Roberto Matta (1911-2002) no solo fue el último gran surrealista, sino el catalizador que permitió a la pintura liberarse de la forma para sumergirse en la energía pura. Arquitecto de formación, Matta no construyó edificios, sino espacios mentales donde el tiempo, la política y el cosmos colisionan.
El paisaje interior: Las morfologías psicológicas
A diferencia de los surrealistas tradicionales que pintaban sueños con figuras reconocibles (como los relojes de Dalí), Matta introdujo la «morfología psicológica». Para él, el lienzo era un campo de batalla de emociones.
En su obra maestra de 1944, El vértigo de Eros (Le Vertige d’Eros), observamos esta transición. No hay un suelo firme; es un abismo de negrura líquida donde flotan formas ovoides y líneas de fuerza. Matta utiliza el automatismo para dejar que el subconsciente dicte la composición, creando una obra que parece un mapa de la psique humana en pleno estallido de deseo y ansiedad.
El eslabón perdido de Nueva York
Cuando la Segunda Guerra Mundial lo llevó al exilio en Estados Unidos, Matta se convirtió en el gurú de una generación de artistas americanos. Mientras que los surrealistas europeos eran vistos como figuras distantes, Matta se mezcló con jóvenes como Jackson Pollock y Arshile Gorky.
Él les enseñó que el cuadro no debía ser una ventana al mundo, sino un registro del movimiento del espíritu. Fue Matta quien impulsó a Pollock a abandonar el caballete y buscar la libertad del gesto, sentando las bases del Expresionismo Abstracto. Sin la visión espacial de Matta, el arte moderno estadounidense carecería de esa profundidad cósmica que hoy lo define.
De la metafísica a la trinchera
La vida de Matta no estuvo exenta de drama. Su expulsión del grupo surrealista en 1948 por André Breton, tras el trágico suicidio de Gorky, marcó un punto de inflexión. Lejos de amilanarse, Matta politizó su pincel. Sus figuras se volvieron más humanas y, a la vez, más monstruosas: seres mecánicos que denunciaban la tortura en Argelia o la alienación de la Guerra Fría.
Su compromiso lo trajo de vuelta a su Chile natal para colaborar con el gobierno de Salvador Allende. Allí, junto a la Brigada Ramona Parra, pintó el mural El primer gol del pueblo chileno (1971). Esta obra es el testimonio de un artista que entendió que el surrealismo no era solo una exploración del «yo», sino una herramienta de resistencia social.
El espacio como herencia: La anécdota de los Matta
La obsesión de Roberto por «romper el plano» de la pintura encontró un eco físico y radical en su hijo, el también legendario artista Gordon Matta-Clark. Se cuenta que la relación entre ambos fue tensa; sin embargo, el diálogo artístico fue profundo.
Mientras Roberto pintaba explosiones de habitaciones y perspectivas imposibles en lienzos bidimensionales, Gordon llevó esas ideas a la realidad arquitectónica. En su famosa obra Splitting, Gordon literalmente cortó una casa por la mitad con una sierra. Fue como si el hijo intentara entrar físicamente en los «espacios interiores» que el padre solo podía imaginar en el pincel. Roberto, al ver el trabajo de su hijo, reconoció que Gordon había logrado «sacar la pintura del cuadro para meterla en la calle», validando que la búsqueda de la libertad espacial era un rasgo genético de los Matta.
Conclusión: El legado de un visionario
Roberto Matta murió a los 91 años, habiendo visto el siglo XX desmoronarse y reconstruirse varias veces. Su legado no es solo una colección de cuadros en los grandes museos del mundo; es la idea de que el espacio no tiene límites si la mente es libre.
Desde la influencia que ejerció en el dripping de Pollock hasta los cortes arquitectónicos de su hijo Gordon, Matta demostró que el arte es un organismo vivo que se contagia y evoluciona. Como él mismo decía: «El artista no debe pintar lo que ve, sino lo que va a ver». Y en sus lienzos, Matta vio el futuro de todos nosotros.
Apéndice: Obras clave mencionadas
- Le Vertige d’Eros (1944): Óleo sobre lienzo. Se encuentra en el MoMA, Nueva York. Representa el clímax de su periodo de morfologías psicológicas.
- El primer gol del pueblo chileno (1971): Mural de 25 metros ubicado en la comuna de La Granja, Santiago de Chile. Fue cubierto por la dictadura y restaurado en 2005.
- Serie Hom’mère (Años 70): Conjunto de grabados donde explora la técnica de viscosidad y temas mitológicos/eróticos.
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P.D. Algunas imágenes son de Artistas Visuales Chilenos.
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