Cuando la pintura acompaña la experiencia humana
La primera vez que leí sobre Joan Snyder fue a propósito de Earthsongs, la exposición presentada por Thaddaeus Ropac. En aquel momento me atrajeron la fuerza de los materiales, las flores secas, los relieves y una pintura que parecía no haber terminado nunca de hacerse.
Pensé que estaba descubriendo una artista. En realidad, estaba entrando en una forma muy distinta de entender la pintura.
A medida que avanzaba en las entrevistas, en los textos de Rachel Cusk y en las conversaciones de la propia Joan Snyder, aquella primera impresión fue adquiriendo otro significado. Sus obras no permanecen abiertas porque estén inacabadas. Permanecen abiertas porque hablan de una experiencia humana que tampoco concluye nunca de todo.
Esa idea atraviesa más de cinco décadas de trabajo y ayuda a comprender por qué su pintura sigue resultando tan contemporánea. Joan Snyder no busca representar una emoción concreta ni ofrecer una respuesta. Construye un lugar donde la memoria, el tiempo, la pérdida, la esperanza o la transformación pueden convivir sin necesidad de resolverse.


Cuando la pintura se convirtió en una necesidad
Antes de pensar que dedicaría su vida a la pintura, Joan Snyder estudió Sociología. Le interesaban las personas, las relaciones humanas y la posibilidad de comprender mejor el mundo que la rodeaba. Esa inquietud nunca desapareció; simplemente encontró otro lenguaje desde el que expresarse.
Durante aquellos años convivía con una profunda ansiedad. En varias entrevistas ha contado que fue la pintura el lugar donde esa inquietud empezó a transformarse. Pintar no apareció como una elección profesional, sino como una necesidad vital.

En ese momento fue decisivo el encuentro con Billy Prichard, profesor de arte que reconoció muy pronto el potencial de Snyder. No solo la animó a confiar en su trabajo; también la acercó a la obra del pintor expresionista Alexej von Jawlensky.
Aquel descubrimiento marcaría un antes y un después. Joan Snyder quedó profundamente impresionada por la intensidad emocional del color en Jawlensky. Comprendió que el color podía dejar de describir el mundo para expresar un estado interior. Años más tarde desarrollaría un lenguaje completamente personal, pero esa libertad para utilizar el color como una experiencia emocional encuentra aquí uno de sus primeros impulsos.



La anatomía de una pincelada
Quería que pudiera verse cómo el cuadro había evolucionado. Joan Snyder.
Con esta frase Joan Snyder explica una de las ideas fundamentales de sus primeras Stroke Paintings, realizadas a finales de los años sesenta.
Mientras muchos artistas buscaban ocultar el proceso de creación, Snyder decidió convertirlo en parte de la propia obra. Sobre el lienzo permanecen visibles el dibujo inicial, las capas de gesso, las rectificaciones, los cambios de dirección y las huellas del pincel. El cuadro ya no es únicamente una imagen: también conserva la memoria de cómo ha llegado a ser.
Aquellas pinturas rompían con buena parte de la tradición pictórica de su tiempo. En lugar de presentar una superficie cerrada y acabada, proponían una pintura que seguía respirando, que dejaba al descubierto sus dudas, sus decisiones y su evolución.
Esa investigación nunca desapareció. Aunque con los años incorporó nuevos materiales, mayor libertad gestual y una paleta mucho más rica, Joan Snyder continuó preguntándose cómo hacer visible la experiencia de pintar y no solo su resultado.



Un cuadro también puede ser un diario
Joan Snyder ha explicado en numerosas ocasiones que sus pinturas funcionan como una especie de diario visual.
No ilustran episodios concretos de su vida. Registran algo mucho más complejo: los cambios, las pérdidas, la maternidad, la enfermedad, la alegría o la esperanza que atraviesan una existencia.
Por eso cada serie incorpora nuevos materiales. Flores secas, semillas, ramas, lino, madera o papel maché no aparecen como elementos decorativos. Cada uno aporta una memoria y una presencia física que amplían el significado de la pintura.

Algo parecido sucede con la música.
Snyder ha contado que escucha música mientras trabaja y que siempre le ha interesado la capacidad de una composición para contener emociones muy diferentes sin perder su unidad. Esa idea también atraviesa su pintura. En un mismo cuadro pueden convivir la celebración y el duelo, la violencia y la calma, la fragilidad y la fuerza.
Como ella misma afirmó en una entrevista: «Quería más en la pintura, no menos». Más materia. Más emoción. Más contradicción. Más vida.

Pintar también es abrir camino
La trayectoria de Joan Snyder no puede entenderse únicamente a través de su obra.
Desde muy pronto fue consciente de las dificultades que encontraban las mujeres artistas para exponer y desarrollar su carrera en igualdad de condiciones. Esa realidad la llevó a implicarse activamente en la creación de espacios donde otras creadoras pudieran ser vistas y escuchadas.
Participó en iniciativas como el Women’s Caucus for Art y apoyó proyectos como la Mary H. Dana Women Artists Series, una de las primeras series de exposiciones dedicadas exclusivamente al trabajo de mujeres artistas en Estados Unidos.
Este compromiso nunca aparece separado de su pintura. Forma parte de la misma manera de entender el arte: crear también significa hacer posible que otras voces encuentren un lugar.



Earthsongs: cuando la naturaleza se convierte en memoria
Todo ese recorrido encuentra una nueva profundidad en Earthsongs.
En esta exposición, presentada por Thaddaeus Ropac, la naturaleza deja de ser un motivo iconográfico para convertirse en un lenguaje. Flores, ramas, semillas o cortezas hablan del crecimiento, del paso del tiempo, de la fragilidad y de la capacidad de transformación.
Rachel Cusk observa que las obras de Joan Snyder nunca representan la naturaleza como un paisaje exterior. La naturaleza funciona como una extensión de la experiencia humana. Lo vegetal y lo emocional dejan de estar separados.
En piezas como The Forest Becomes a Symphony, la pintura continúa descendiendo sobre una repisa de madera que recoge aquello que cae. La obra parece seguir creciendo incluso después de haber sido terminada.
En Elegy for the Souls, las flores secas, el papel maché, el lino y el pigmento convierten el duelo en una presencia silenciosa. No intentan explicar la pérdida. Le ofrecen un lugar donde permanecer.


Permanecer frente a la pintura
Después de recorrer la trayectoria de Joan Snyder resulta difícil volver a mirar sus cuadros como imágenes cerradas.
Cada uno conserva la memoria de su proceso, igual que las personas conservamos la memoria de lo vivido. Las capas, los materiales y las huellas del trabajo permanecen visibles porque forman parte de la obra tanto como el resultado final.
Esa es, quizá, una de las aportaciones más singulares de Joan Snyder al arte contemporáneo. Sus pinturas no buscan resolver las preguntas que plantea la existencia. Las sostienen.
Y, precisamente por eso, siguen invitándonos a permanecer frente a ellas mucho después de haber dejado de mirarlas.


Si en la obra de Joan Snyder el color puede contener emociones, memoria y experiencia, podemos seguir recorriendo otros lenguajes donde el color deja de ser únicamente una elección estética para convertirse en materia, espacio o estado emocional. En Anallasa, las obras de Catherina Pearls, Lisa Yuskavage y Mandy El-Sayegh, nos permiten acercarnos a distintas maneras de entenderlo y de sentirlo.
P.D. Toda las fotografías son propiedad de Joan Snyder.

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